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El Otro Lado de Bocas del Toro La Vida en Una Finca de Banano (Continuación)

No terminó allí, sólo con construir la infraestructura.  Los ejecutivos que requerían para administrar las fincas eran traídos de Panamá, Estados Unidos, Inglaterra y muchos otros países.  Con el fin de que fuera atractivo a estos ejecutivos dejar sus hogares y mudarse por varios años a una finca de banano en la mitad de la nada, el paquete de compensación debía ser muy atractivo, y lo era.  A estos ejecutivos se les pagaban salarios sumamente generosos, bonos anuales, y la compañía cubría la mayoría de sus gastos de vivienda.  A los ejecutivos se les asignaba dependiendo de sus familias residencias de uno, dos o tres cuartos, con aires acondicionados y demás electrodomésticos e inmensos jardines.  El agua y la luz eran generados por la compañía y pagados por la misma.  Se asignaba un jardinero por residencia o si era un apartamento o unidad de una persona entonces el departamento de mantenimiento se encargaba de todo.  Mantenimiento también se encargaba de cualquier reparación necesaria en la residencia.  

Muchos ejecutivos vivían en áreas designadas para ejecutivos en casas grandes con inmensos jardines, las más grandes se le asignaban al gerente y sub-gerente de la división.  En Changuinola, Bocas del Toro, este área se llamaba Finca 8.  Las casas estaban ubicadas cerca de un club social con todas las amenizaciones tales como piscinas, campo de golf, cancha de tenis, área para películas, bar, construido igualmente por la compañía para los ejecutivos y sus familias.  Había un comisariato manejado por la compañía la cual constituía el único supermercado en el pueblo al principio.  Luego con más migración surgieron otras tiendas. 

Para los ejecutivos con familias la compañía también brindaba educación.  Luego de cierto grado salarial, los hijos de los ejecutivos tenían acceso a una educación bilingüe manejada por la compañía.  En Changuinola era la Escuela Bilingüe de Finca 8 la cual iba de primer grado a séptimo grado luego del cual los estudiantes tenían la opción de ir a un internado en Estados Unidos a ciertas escuelas recomendadas o a cualquier otra escuela y la compañía pagaba la educación hasta el 12vo grado.  La mayoría de los ejecutivos escogían escuelas bilingües para continuar la educación de sus hijos.  La compañía importaba los maestros y el personal para la escuela primaria, de hecho estableciendo un escuela americana en la mitad de una finca de banano.  En la Escuela Bilingüe de Finca 9 había maestras de los Estados Unidos, Inglaterra y Europa lo cual garantizaba que los hijos de esos bananeros obtenían un educación bilingüe  

Al vivir prácticamente en sus trabajos estos ejecutivos estaban disponibles en todo momento pero el horario de trabajo era generalmente de 8 a 4pm, luego iban a la casa para cenar y luego al bar por unos tragos.  Esta era una rutina diaria para los ejecutivos de las fincas de banano no sólo en Changuinola pero en todos lados donde United Fruit tenía fincas: la rutina y el modus operandus eran básicamente iguales.  En los fines de semana siempre se planeaba algún tipo de entretenimiento pero muchas veces estando tan cerca de la Isla de Bocas del Toro el entretenimiento era ir a la playa.  La ahora famosa Bocas del Drago, era el lugar de fin de semana de los ejecutivos de la compañía y sus familias durante los fines de semana y los días feriados.  La compañía tenía una casa y un pequeño muelle privado en Bocas del Drago para uso de los empleados.  
 
Los tiempos eran muy diferentes entonces y las circunstancias eran otras.  Este era el estilo de vida que United Fruit, Chiquita Brands y ahora Bocas Fruit, le daba a sus empleados y así era como conducía sus negocios.  En esos tiempos, los años 60, 70 y 80 la compañía tenía aproximadamente 43,000 hectáreas de terreno en Panamá, la mayoría sembradas con bananos.  En los años 80 el negocio empezó a declinar y en los años 90 el negocio del banano fue duramente golpeado por el alza de las tarifas europeas sobre bananos procedentes de América Latina. 

Este es un estilo de vida y un tiempo que ya no existe.  Todo lo que queda son edificios viejos, muchos de madera sobre zancos con persianas en las ventanas, y el olor de bananos maduros en el aire.  Cuando el avión se acerca al aeropuerto en Changuinola usted ve un pequeño pueblo anidado en medio de un mar de nítidos cuadrados verdes que se asemejan a una gran cuadrícula verde y blanca.  Bienvenido al mundo de los bananeros.
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